Reflexión - Buscar la luz en la oscuridad
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Hola Tribu, acá Andi.

Les traigo una nueva reflexión.

Es fácil tener una actitud positiva cuando las cosas salen bien.
Cuando hay incentivos externos que generan entusiasmo interno.
Cuando el camino está trazado, es seguro, previsible y, además, gratificante.

Pero ¿qué pasa cuando las cosas no salen como esperábamos?

¿Qué pasa cuando el camino deja de estar trazado y se convierte en una incógnita?

Cuando aparece el miedo.
Cuando la tristeza nos inunda.
Cuando la incertidumbre parece ser la única certeza.

Es ahí cuando nuestra cabeza aprovecha para hacer de las suyas: empieza a imaginar futuros catastróficos, escenarios fatales, problemas que todavía ni siquiera existen.

Y ahí ser positivo ya no es tan sencillo.

Hoy, para mí, es uno de esos días.

Y, sin embargo, es un buen día.

Un día desafiante.
Un día para aprender.

Porque quizás ser positivo no significa sentirnos bien todo el tiempo. Quizás significa buscar qué podemos aprender cuando no nos sentimos bien.

Si hay algo positivo detrás de una situación o de un sentimiento adverso, es que nos da la posibilidad de encontrar ?si estamos dispuestos a buscar? una mejor manera de encararlo.

Más pragmática.
Más efectiva.
Más consciente.

Buscar cuál es la actitud correcta frente a una situación desalentadora también es una oportunidad para aprender.

Aprender cómo afrontar el desaliento.
Cómo atravesar el miedo.
Cómo convivir con la tristeza.
Cómo encontrar una motivación interna cuando afuera no encontramos ningún motivo para estar motivados.

La tristeza, el miedo, el enojo, la frustración? nos obligan a meter las manos en el barro de las emociones incómodas.

Y ahí empieza algo interesante: el estudio de nosotros mismos.

¿Qué me pasa cuando tengo miedo?
¿Cómo reacciono cuando estoy triste?
¿Qué hago cuando estoy frustrado?
¿Qué necesito trabajar en mí para que esa emoción no me gobierne?

Muchas veces estas emociones nos avergüenzan. Intentamos esconderlas, negarlas o taparlas porque vivimos en una sociedad que muchas veces nos empuja a producir, consumir, funcionar y seguir adelante.

Pero quizás esas emociones incómodas no sean el problema.

Quizás sean la punta del hilo de un conocimiento mucho más profundo sobre nosotros mismos.

Taparlas, evadirlas o ignorarlas no las hace desaparecer. Muchas veces solamente retrasa el trabajo que necesitamos hacer.

Sentirse triste está bien.
Sentir miedo está bien.
Sentir enojo está bien.
Sentir frustración está bien.

Son emociones. Son energía.

Y la energía se puede transformar.

Ahí empieza el verdadero trabajo personal.

El trabajo -a veces duro- de buscar la luz en medio de la oscuridad. De encontrar ese argumento, esa acción, ese pequeño movimiento capaz de empezar a invertir la carga.

¿Y cómo busco invertir esa carga?

En mi caso, con acción.

Accionando.

Porque muchas veces el camino no aparece antes de caminarlo.

El camino se construye caminando.

Dibujo.
Escribo.
Hago deporte.
Limpio la casa.
Paseo al perro.
Ordeno algo.
Hago eso que tenía pendiente.

No espero a que desaparezca lo que siento para empezar a actuar.

Acciono con el sentimiento encima.

Y, poco a poco, el foco deja de estar completamente concentrado en aquello que me duele.

La tristeza empieza a perder fuerza.
El miedo empieza a perder fuerza.
El enojo empieza a perder fuerza.

Y mientras tanto, casi sin darme cuenta, el camino empieza a tomar forma.

Y cuando el camino empieza a tomar forma, aparece algo que antes parecía imposible:

La esperanza.

La mente se oxigena.
Las oportunidades empiezan a aparecer.
Y volvemos a sentir que tenemos cierto margen de acción sobre nuestra propia vida.

Por eso, para mí, ser positivo no significa tener buena vibra todo el tiempo.

No significa negar lo que sentimos.
No significa evadir las emociones incómodas.
No significa hacer de cuenta que todo está bien cuando no lo está.

Ser positivo también puede ser tener el coraje de mirar lo que duele, aprender de eso y buscar una forma de atravesarlo.

Porque cada momento difícil puede enseñarnos algo sobre nosotros.

Y cada vez que aprendemos a atravesar uno de esos momentos, nos llevamos una herramienta para el próximo.

Así que sí.

Hoy es un buen día.

Un día desafiante.
Un día incómodo.
Un día de crecimiento.

Porque quizás no se trata de esperar a que llegue la luz.

Quizás se trata de aprender a encontrarla mientras todavía estamos en la oscuridad.

El que aprende, no reniega.

¿Te cuesta mantener una actitud positiva en los momentos desalentadores?

Contame en mi Instagram: @andresrolandook

Hasta la próxima.

Andi

19 de Septiembre, 2026

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